SANTA CATALINA SIENA, SUS MILAGROS Y ORACIÓN PARA RECOBRAR LA ARMONÍA Y LA PAZ FAMILIAR



 Santa Catalina fue una víctima de la caridad,
que para ayudar a su prójimo consiguió de Dios
los más asombrosos milagros
llegando a ser la alegría y la esperanza de todos.

Catalina era de carácter tan jovial, que según afirma uno de sus biógrafos, bastaba una sola de sus palabras para desterrar del corazón toda tristeza. 


 
Cierto día, cuando se encontraba meditando en el cuarto de su hermano, entró en él su padre, Jacobo Benincasa, y vio revolotear una paloma sobre la cabeza de su hija. El ave huyó al aproximarse, y entonces el señor Jacobo preguntó a la joven quién le había dado aquella paloma.
-No he visto -contestó la joven-, esa paloma ni ningún otro pájaro.

Siempre cumplió con el propósito de no comer carne ni tomar vino, y como si esta abstinencia fuera poco, fue paulatinamente privándose de toda clase de alimentos, hasta reducir su comida a un pedazo de pan y algunas verduras crudas.

Estimaba mucho un manto negro con que se cubría por humildad, y miraba esa prenda como un tesoro de valor incalculable, diciendo que no quería separarse de él nunca. Pero sucedió que caminando un día con sus compañeras, se le acercó un pobre pidiéndole limosna.
- "Nada puedo darte porque nada tengo", le dijo.
- "¿Y ese manto? Podrías dármelo", replicó el pedigüeño.
- "Tienes razón", exclamó Catalina, y entregó el manto al pordiosero.
A las personas que le acompañaban les costó mucho trabajo rescatar el manto, pues el mendigo se aprovechó de la ocasión para venderlo a buen precio, y cuando preguntaron cómo, apreciando tanto aquella prenda, la había dado tan fácilmente, respondió:
- "Porque preferí quedarme sin manto a quedarme sin caridad".

Con frecuencia, en medio de sus trabajos domésticos, entraba en éxtasis, quedándose rígida e inmóvil como si estuviera muerta. Su madre, poco conocedora de esta clase de fenómenos espirituales, los atribuía a males físicos, y empleaba para hacerla volver en sí los remedios de frotaciones y estiramiento de miembros usados en tales casos, que a veces comprometían la salud y aun la vida de Catalina.
Así ocurrió cierto día en que, por volverle la cabeza a su posición natural, por poco le rompe los músculos del cuello, en el que sintió durante días vivísimos dolores.

Otra vez, hallándose Catalina ocupada en la cocina, se sentó cerca del fuego y se puso a dar vueltas al asador. De repente entró en éxtasis, quedándose insensible a todo cuanto pasaba a su alrededor. Su cuñada, Lisa, más conocedora de las causas de aquella insensibilidad, al advertir lo que ocurría a Catalina, la remplazó en su ocupación, y cuando el asado estuvo a punto, lo sirvió a la familia. Después acostó a sus hijos y volvió a la cocina para ver si ya había vuelto en si su cuñada. ¡Pero grande fue su terror al verla caída sobre las brasas del hogar!
-¡Ay -exclamó con acento desgarrador-, Catalina se ha abrasado!
Seguidamente se abalanzó a ella y la levantó; pero vio con gran asombro que Catalina no tenía ninguna quemadura: ni aun sus vestidos guardaban la menor señal de su contacto con el fuego, no obstante de ser éste muy vivo y haber permanecido la joven mucho tiempo sobre las brasas.

Se convirtió en criada de una leprosa, y se le contagiaron las manos de ese mal. Cuando la leprosa murió, Catalina lavó y amortajó piadosamente su cuerpo, y después condujo el cadáver al cementerio y lo enterró con sus propias manos, quedando en aquel instante las suyas limpias de toda lepra.

Su caridad no se limitaba solamente a socorrer las necesidades corporales de sus prójimos, sino que se aplicaba aún más celosamente al remedio de las necesidades de sus almas.
Estos y otros hechos notables realizó la extraordinaria mujer llamada Catalina de Siena. 

 
ORACIÓN A SANTA CATALINA
PARA RECOBRAR LA ARMONÍA
Y LA PAZ FAMILIAR 

¡Oh bendita y humilde Catalina!
santa dócil y buena convertida en mujer fuerte,
prodigio del siglo en que viviste,

antorcha luminosa de la Iglesia,
criatura de Dios premiada con numerosos dones
que supiste reunir con las mayores virtudes
de las vírgenes consagradas a Dios
y con la intrepidez y al valor de los héroes.

Mírame desde el cielo, te suplico,
posa tus ojos sobre mi,
que atravieso momentos de gran agitación
por atravesar dificultades familiares
que causas graves discordias entre los míos,
y te pido que me ayudes a establecer la calma.

Muestra a este humilde devoto-a tuyo
 hasta donde llega tu poder cerca de Dios,
obteniendo para mi hogar que reine en el,
el amor, la paz, la concordia y la armonía, 
y especialmente la humildad, la prudencia,
la paciencia, la bondad y la diligencia
en la práctica de los deberes con nosotros mismos.

Oh maravillosa santa, portento de la Iglesia,
virgen seráfica, Santa Catalina,
que por tus grandes virtudes y generosidad,
el bien que para todos conseguiste,
eres magnificada y bendecida en cada lugar
a donde tu nombre ha llegado:

Que tu generoso rostro hacia mire hacia mi,
quien, lleno de fe en tu milagrosa intercesión,
te suplica con toda esperanza y afecto
para que obtengas, a través de tus plegarias,
los favores que tan ardientemente deseo:
 recobrar la paz y la armonía familiar.

 Tu no puedes dejar de ayudar
escuchando las oraciones de aquellos
que a tu corazón acuden,
el corazón que recibiste del divino redentor
en éxtasis celestial.

Concédeme así mismo,
que habiendo recibido esta gracia de ti,  
pueda un día verte y agradecerte
el bien que me has dispensado, en el cielo,
y disfrutar contigo de la felicidad eterna.
Así sea.

Pedir el favor especial que se desea obtener.

Rezar tres Padrenuestros, Avemaría y Gloria.

Hacer la oración y los rezos con gran devoción
durante cinco días seguidos.

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