SAN PEDRO CLAVER, ORACIÓN Y ESTAMPA ANTIGUA


San Pedro Claver, Apóstol de los negros, nació en Verdú, villa de la provincia de Lérida, el día 25 de Junio del año 1080.

Después de haber estudiado en Barcelona, entró a los 22 años en el Noviciado de la Compañía de Jesús de Tarragona; continuando después sus estudios en Gerona.

San Alfonso Rodriguez, en Palma de Mallorca, conoció la sublime gloria que en el cielo estaba reservada a San Pedro Claver. En Cartagena de América instruyó y bautizó a más de 300,000 negros; redujo a la fe católica a muchos turcos y herejes, y ganó para Dios innumerables pecadores.

Sirvió muchos años con maravillosa abnegación a los enfermos y leprosos de los Hospitales de San Sebastián y San Lázaro.

Conservó toda su vida la inocencia bautismal; hizo asombrosa penitencia, y obró grandes milagros.

Murió el 8 de Septiembre de 1651 en el Colegio de Cartagena.

Incluido por Pio IX, en 1851, en el catálogo de los Bienaventurados, ha sido canonizado por León XIII el 15 de Enero de 1888.

El Concilio Tarragonense de 1627 le apellidó Segundo Javier de la Compañía de Jesús.


ORACIÓN
 
Oh Dios, que queriendo llamar 
a los infelices esclavos
al conocimiento de vuestro Nombre,
para ayudarles, fortalecisteis á San Pedro Claver
con maravillosa abnegación y ardentísima caridad.
 
Concedednos, por su intercesión,
que no buscando nuestros propios intereses,
sino la gloria de Jesucristo,
amemos a nuestros prójimos
con obras y en verdad.
 
Por el mismo Jesucristo Señor nuestro.
 
Amén
 

 

ORACIÓN PARA SALIR DE LA DEPRESIÓN

 
Sea el Cielo objeto de tu vida, alma querida.
Cuando te pesa el trabajo,
allá deben aspirar tus deseos.

Si te aprieta la angustia el corazón
piensa en Dios y repite:

¡Todo por el Cielo!

Allá descansaré...
Allá gozaré de la eterna felicidad...

Dios mismo enjugará
cada una de mis lágrimas.

¡Animo, alma mía!
 
¡Todo por el Cielo!


ORACIÓN
 
Te rezo hoy Señor porque que no estoy solo,
porque has puesto cerca de mí personas
para que pueda orar y apoyarnos unos a otros.

Conoces mi ser más interno,
sabes lo que necesita ser restaurado y sanado.
 
Por favor, perdóname por creer
que puedo hacer esto solo,
únicamente con mis propias fuerzas.
 
Sé que nunca quisiste
que me sintiera solo y deprimido.
 
Sé que quieres curarme
más de lo que yo quiero ser sanado.

Quiero Señor, poder servirte
y darte la gloria de la restauración en mi alma.
 
Tus pensamientos sobre mí 
siempre han estado llenos de esperanza.
 
Y nunca la dejas ir, Señor,
incluso en el momento más oscuro,
nunca me dejas sin esperanza.

Por favor, haz que desaparezca
y desecha el espíritu de depresión que me oprime
y de todos aquellos que te buscan para su curación.
 
Te amo Señor, y en mi humildad te busco.

Amén.

 


SAN FERNANDO, ORACIÓN PARA HACERLE UNA SÚPLICA


ORACIÓN A SAN FERNANDO
 
Santísimo protector mío San Fernando,
cuya Justicia, santidad y perfección
fue muy parecida a la de los Místicos Montes de Dios,
que son los Santos Patriarcas, Apóstoles, y Profetas.
 
Rey Santo cuyo solio sostenía la justicia y el juicio,
Varón justo en obras, en palabras y en pensamientos,
que seguisteis con firmeza la estrecha senda
de la perfección cristiana, hasta llegar
a su más eminente cumbre.

 
Hermoso ejemplar de todas las virtudes,
en las que florecisteis como Palma,
disteis copioso fruto como la Oliva,
y como místico Bálsamo, y fragrante Rosa
habéis exhalado el suave olor de la santidad
de nuestro Señor Jesucristo en toda su Santa Iglesia.
 
Yo os suplico con todas las veras de mi corazón
por la altísima perfección a que llegasteis en vida,
y por la inexplicable gloria que ahora gozáis,
que me alcancéis de la Majestad de mi Dios
el favor que por vuestra intercesión le pido:
(Hacer la petición)
 
 También os ruego, que llegado mi momento
muera yo con la preciosa muerte de los justos,
auxiliado con la gracia de la final perseverancia,
para que después de haber caminado de virtud en virtud
y logrado la bendición del Señor en el término de la vida,
pase a ver al Dios de los Dioses en la Sion dichosa
de la eterna Bienaventuranza.
 
Amén.

 
MUERTE DEL SANTO

A cerca de los últimos momentos de San Fernando, y de su muerte edificante, leemos lo siguiente en un librito dedicado a tan esclarecido varón, publicado por el Apostolado de la Prensa:

 
"Después que el santo rey se despidió tiernamente de la reina y de sus hijos, sólo pensó en disponer su espíritu para presentarse ante su Divina Majestad, multiplicando los actos de fe, esperanza, amor y contrición, y encomendándose muy fervorosamente a la Santísima Virgen, para que le amparase en aquel supremo trance.
 
"Rodeado de los prelados y sacerdotes, que siempre le seguían, todas las oraciones establecidas por la Iglesia para ayudar a un alma a salvar el misterioso puente que une el tiempo con la eternidad fueron recitadas por los ministros del Señor que en aquel supremo trance auxiliaban a San Fernando, y contestadas por éste con una firmeza de voz y una entereza de espíritu que más parecía uno de los oficiantes que el moribundo por quien aquellas oraciones se rezaban.
 
"De este modo pasó toda la noche del 29 de mayo de 1252, y cuando comenzaba a apuntar el día 30, conociendo que eran ya pocos los instantes que le quedaban de existencia, pidió una vela bendita, y teniéndola en una de sus manos hizo su última protestación de fe, precedida de estas hermosas palabras:
 
«Señor —dijo clavando los ojos en el crucifijo que con la otra mano tenía—, el reino que me disteis os devuelvo; no lo recibí como puro donativo ni como préstamo, lo recibí para adelantarle, y así os lo devuelvo con aumentos, bien que en estos mismos me reconozco segunda vez deudor, pues la menor parte ha sido mía, y el todo, vuestro. Me disteis la vida, y en ella los años que fue vuestra voluntad, con que estoy tan conforme, que os la devuelvo gustoso cuando la pedís, y con ella el alma. Desnudo salí, Señor y Redentor mío, del vientre de mi madre, y desnudo me ofrezco a la tierra.»
 
"Era por todo extremo conmovedor el espectáculo de humildad que daba aquel santo monarca, que había pasado la vida haciendo bien y practicando hasta el heroísmo todas las virtudes, al pedir con lágrimas de arrepentimiento que le perdonasen las culpas imaginarias que sólo el bajo concepto que de sí mismo tenía le hacían parecer como ciertas. Los que estaban presentes no podían contener sus sollozos, y el pensamiento de que iban a verse privados de un rey tan bueno llenaba sus corazones de un dolor acerbísimo, sólo mitigado por la consideración de que desde las mansiones de la bienaventuranza su alma iba a gozar del premio que merecía su santidad.
 
"Sólo un soplo de vida quedaba ya a San Fernando cuando de nuevo pidió la vela con que había hecho su última protestación de fe, y reuniendo en un supremo esfuerzo las escasas energías que le quedaban, comenzó a rezar el Credo con un fervor que colmó la edificación de los que le rodeaban.
 
"Pero aquel heroico esfuerzo para confesarse a Jesucristo era mucho más grande de lo que permitía su extenuado organismo, y apenas pronunció los primeros versículos del Símbolo de los Apóstoles, inclinó la cabeza, entregando al Señor su alma con la serena tranquilidad del justo.
 
"Así murió aquel rey, el más glorioso de España, que habiendo vivido como héroe en los campos de batalla, supo ser todavía más heroico en su lucha con la muerte, a la que venció también, trocando su fugaz existencia en la tierra por la vida eterna que Dios reserva a sus escogidos.
 
"Pronto cundió por toda Sevilla la triste nueva de la muerte del santo rey, y el sentimiento de duelo que produjo en todos sus habitantes fue grande y clamoroso."

 

SAN GABRIEL DE LA DOLOROSA, ORACIÓN PARA IMPLORAR SU AYUDA


Oh angélico joven San Gabriel,
que con tu ardiente amor a Jesús Crucificado,
y con la tierna compasión a la Virgen Madre Dolorosa,
te convertiste en la tierra cual espejo de inocencia
y ejemplar de toda virtud;
a ti me dirijo con confianza implorando tu socorro.

ORACIONES PARA ANTES DE LA COMUNIÓN

 
Al acercarte a comulgar hazlo con gran respeto. Es muy bueno que repitas en tu interior estas oraciones que te doy a continuación. Al recibir el Cuerpo del Señor, respondes Amén, reafirmando tu fe en la presencia real de Cristo en la forma consagrada. Retírate luego con el mismo respeto a darle gracias al Señor.


Acto de fe

¡Señor mío Jesucristo!,
creo firmemente que estás
realmente presente en el Santísimo Sacramento
con tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Acto de esperanza

Espero, Señor, que ya que te das todo a mí
en este sagrado Sacramento,
tendrás conmigo misericordia
y me otorgarás las gracias
que me son necesarias para mi eterna salvación.

Acto de caridad

Dios mío, te amo con todo mi corazón,
con toda mi alma, con todas mis fuerzas
y sobre todas las cosas,
por ser infinitamente bueno e infinitamente amable,
con mi prójimo que amo como a mí mismo, por tu amor.

Acto de adoración

¡Señor!, yo te adoro en este Sacramento
y te reconozco por mi Creador,
Redentor y soberano Dueño,
sumo y único Bien mío.

Comunión Espiritual

Yo quisiera, Señor, recibirte con aquella pureza,
humildad y devoción con que te recibió
tu Santísima Madre María,
y con el espíritu y fervor de los Santos.

Esta Comunión Espiritual la puedes decir siempre que por cualquier motivo no hayas podido acercarte a comulgar sacramentalmente o cuando veas una iglesia.


PADRE NUESTRO

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden
no nos dejes caer en la tentación y,
líbranos del mal.
 
Amén

PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN

Para hacer una buena confesión es necesario:

- El examen de conciencia, para poner toda tu vida a la luz del Evangelio.

- El dolor de los pecados (contrición), por haber ofendido a Dios.

- El propósito de la enmienda, porque quieres cambiar de vida, convertirte, con la gracia de Dios.

- La confesión de los pecados al sacerdote: expones todos tus pecados con sencillez y sinceridad.

- La satisfacción: cumplir la penitencia, reparar el daño causado al prójimo, restituir lo robado (bienes, fama...)

 
 

ORACIÓN A SANTA ANA PARA RESOLVER PROBLEMAS FAMILIARES Y MANTENER LA UNIÓN

 
Santa Ana es la abuela de Jesús. Su fiesta la comparte con la su esposo San Joaquín el 26 de julio. Como abuela de Cristo y madre de María, Santa Ana pronto se convirtió en la patrona de las mujeres casadas, para mantener la unión familiar y para las parejas sin hijos, una ayuda especial para obtener el don de la maternidad.
 
ORACIÓN A SANTA ANA
 
Amable y benevolente Santa Ana,
amada abuela del Niño Jesús,
tenme por siempre bajo tu protección.


Líbrame de los peligros y de las tentaciones
que continuamente me asaltan
y sobre todo, acude a mi y atiéndeme
llegado el momento de mi ultima hora
para consolarme y fortalecerme,
y para conducirme junto a tu gloriosa Hija
a la presencia de Dios, celestial Señor Nuestro.

Salve Santa Ana, dama todopoderosa
por el favor especial que Dios te concedió,
concede consuelo a quienes te invocamos.
procurándonos las riquezas eternas del cielo,
y como una buena y amable madre,
el éxito en los asuntos temporales también.

Paciente Santa Ana,
por tu influencia con el hijo de María, Jesús,
has ganado el don de la conversión y el perdón
para muchos grandes pecadores.
¿Me abandonarás a mi ahora en momentos de aflicción?
Decir tu nombre significa gracia,
y me asegura tu ayuda con mis oraciones,
oraciones que por tu intercesión
 me procurarán el perdón y la misericordia de Jesús.

Buena Santa Ana, no permitas mi alma,
una obra maestra del poder creativo de Dios,
quede perdida para siempre.

Libera mi corazón de orgullo, vanidad, amor propio,
para que pueda llegar a conocerme como soy realmente,
y aprenda mansedumbre y sencillez de corazón.

En tu caridad sin límites, buena Santa Ana,
ayúdame a resolver los problemas familiares
que causan mi aflicción y desaliento,
ayúdame a merecer la gracia
de mantener a mi familia unida, sin fisuras,
encontrando la fortaleza a la vez que el amor
que nos permita convivir en paz,
sin enfrentamientos ni discusiones,
en un entorno de compresión mutua
y encontrando las satisfacciones que merecen
los que han peleado la buena lucha
contra el diablo y sus malvadas tentaciones.

Ayúdame a preservar la pureza de corazón y de cuerpo
y con María y su divino Hijo, protégeme siempre.


Amén
 
Según la leyenda, Santa Ana se casó tres veces, primero con San Joaquín, después de su muerte con Cleofás, y finalmente con Salomás. Este detalle de la historia antigua inspiró a las jóvenes a acudir a ella en busca de ayuda para encontrar un marido. Después de todo, ya que ella misma había tenido tres esposos, ¿no debería poder y querer proporcionar al menos un novio para aquellas que la invocan confiadamente?


Las jóvenes de todos los tiempo han suplicado: Te ruego, madre Santa Ana, envíame un hombre bueno y amoroso.

Su patrocinio de la fertilidad se extendió también a la propia tierra y así se convirtió en una patrona de la lluvia. Es un dicho popular en Italia que "la lluvia es un regalo de Santa Ana"; En Alemania, la lluvia de julio se llamó "dote de Santa Ana".

Finalmente, la gentil abuela del Señor es invocada en todas partes como uno de las grandes ayudantes para varias necesidades de cuerpo y alma.

Se le han erigido muchas iglesias, la mayoría de ellas se han convertido en famosos centros de peregrinaciones, lugares en los que cada año los peregrinos se reúnen para orar, pidiéndole su intercesión, por su intención particular.

Es muy habitual hacerle una Novena de oraciones, que se comienza el 18 de julio y concluye el día de su fiesta, el 26 de julio.


SAN SEBASTIÁN, ORACIÓN AL SANTO MÁRTIR PARA OBTENER UN FAVOR

 
San Sebastián vivió en los primeros días de la iglesia, cuando ser cristiano y querer defender su fe significaba ser perseguido y, probablemente, morir por ella.
 
Sabemos que nació de padres cristianos y que pasó los días de su infancia bajo la instrucción de unos padres piadosos. Dios tenía sus propios planes para el niño, que se convertiría en el fuerte apoyo y guía de sus compañeros cristianos durante los tiempos turbulentos de la persecución que se avecinaba, cuando debía tener el privilegio de morir como mártir de Cristo.

 
Pero también los tiempos futuros debía servir al mundo cristiano como brillante ejemplo de una vida de fe sin miedo.
 
Dios deseó que, como soldado en el ejército romano, atrajera la atención y el agrado del emperador y, al ser de origen noble, fuese elevado al rango de oficial de la guardia de palacio.
 
ORACIÓN
 
Glorioso San Sebastián
que tuviste tan gran valor,
ayúdanos a ser testigos de Jesús
ante este mundo incrédulo.
 
Ayúdanos a tener el amor al prójimo que tu tuviste
y a dar nuestras vidas por nuestros hermanos,
incluso cuando existan dificultades y peligros.
 
Ayúdanos a tener fe en los dolores de la vida
como tu la mantuviste

mientras soportaste el martirio cruel.


Protege a todos los soldados, militares y policías
contra todo peligro en su trabajo.

Protege a todas las naciones contra las guerras,
el hambre y la pestilencia.
Interceda por mi,
para que pueda conseguir la gracia que tanto necesito...
(Hacer una petición al santo).

Escúchame te suplico,
contéstame te ruego,
Hazme caso, oye lo que te imploro.
Muestra la evidencia de tu amor fiel,
salvador de aquellos que esperan en tu fuerza
contra el ataque del maligno,
guárdame de la presencia del malvado
para que no me maltrate ni me humille.

 Glorioso San Sebastián,
intrépido confesor de Cristo
y consolador de los que iban a dar su vida
en testimonio por su fe:
con vergüenza y pena, debo confesar
que en el pasado muchas veces no he cumplido
mis deberes religiosos con Dios.
 
Fue a Cristo a quien hice sufrir,
en lugar de que yo sufriera por Cristo.
 
Desde ahora me esforzaré por dar un ejemplo
a quienes me rodean y que niegan a Cristo
descuidando sus obligaciones cristianas.
 
Ayúdame, querido santo y patrón,
para mostrarles el camino
a las verdaderas alegrías del cielo.
 
Amén.

La siguiente composición, escrita por el poeta cubano Eugenio Florit, tiene como tema el martirio de San Sebastián, o sea el momento en que el santo, amarrado al tronco de un árbol, fue asaeteado por sus enemigos.

La poesía que reproducimos es muy conocida y famosa, pero conviene que nuestros lectores la lean con atención, observando las imágenes que el poeta (poniéndolas en boca del propio San Sebastián) emplea para designar a las flechas, a quienes llama "palomitas de hierro", "pequeños querubines de alas tensas" y "tibias agujas celestiales".


He aquí, según la poesía, lo que dijo San Sebastián cuando le atravesaban el cuerpo a flechazos:

Si, venid mis brazos, palomitas de hierro;
palomitas de hierro, a mi vientre desnudo.

Qué dolor de caricias agudas.

Si, venid a morderme la sangre, a este pecho,
a estas piernas, a la ardiente mejilla.

Venid, que ya os recibe el alma entre los labios.
Si, para que tengáis nidos de carne
y semillas de huesos ateridos;
para que hundáis el pico rojo en el haz de mis músculos.

Venid a mis ojos, que puedan ver la luz;
a mis manos, que toquen forma imperecedera;
a mis oídos, que se abran a las aéreas músicas;
a mi boca, que guste las mieles infinitas;
a mi nariz, para el perfume de las eternas rosas.

Venid, si, duros ángeles de fuego,
pequeños querubines de alas tensas.

Si, venid a soltarme las amarras
para lanzarme al viaje sin orillas.

¡Ay! Qué acero feliz, qué piadoso martirio.
¡Ay! Punta de coral, águila, lirio de estremecidos pétalos.

Si. Tengo para vosotras, flechas,
el corazón ardiente, pulso de anhelo, sienes indefensas.
Venid, que está mi frente ya limpia de metal
para vuestra caricia.

Ya, qué río de tibias agujas celestiales.
Qué nieves me deslumbran el espíritu.

Venid. Una tan sola de vosotras,
palomas, para que anide dentro de mi pecho
y me atraviese el alma con sus alas.

Señor, ya voy, por cauce de saetas.
Sólo una más, y quedaré dormido.
Este largo morir despedazado cómo me ausenta del dolor.
Ya apenas el pico de estos buitres me lo siento.
Qué poco falta ya, Señor, para mirarte.

Y miraré con ojos que vencieron las flechas;
y escucharé tu voz con oídos eternos;
y al olor de tus rosas me estaré como en éxtasis;
y tocaré con manos que nutrieron estas fieras palomas;
y gustaré tus mieles con los labios del alma.

Ya voy, Señor. ¡Ay! Qué sueño de soles,
qué camino de estrellas en mi sueño.

Ya sé que llega mi última paloma...
¡Ay! ¡Ya está bien, Señor,
que te la llevo hundida en un rincón de las entrañas!



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