EL MILAGRO DE LA VIRGEN DE LA ESPERANZA.


En el reinado de Carlos VI de Francia, encontramos el origen de la orden de caballería de Nuestra Señora de la Esperanza,  fundada por el citado monarca, para perpetuar la memoria de la especial protección que la Virgen le dispensara salvándole en una peligrosa aventura. 

 
Todos conocemos la historia de aquel desgraciado rey, que cuando comenzaba a labrar la felicidad y ventura de sus vasallos, quienes le llamaban Carlos el Bien Amado, a consecuencia de algunos sustos, preocupado siempre su espíritu con grandes temores, acabó por perder la razón.

Se hallaba el rey Carlos en la ciudad de Tolosa. Muy aficionado a la caza, iba con gran frecuencia a la antigua selva de Bouconne, a donde le acompañaban Olivier de Clisson, Pedro de Navarra y otros muchos señores y cortesanos.

Un día que demasiado entretenido en su placer favorito se había alejado de sus gentes, le sorprendió la noche, antes de encontrar su comitiva por entre aquellos páramos salvajes, por entre las más ignoradas y extraviadas sendas del bosque. 


 
El cielo, se cubría de negros nubarrones, que ocultaban la luz de las estrellas, amenazaba con horrible tempestad al atribulado monarca, que no pudiendo dar con sus cortesanos, vagaba perdido por el bosque suplicándole a la Santísima Virgen, a la que siempre profesó especial devoción, que le sacara de aquellas soledades y le devolviese a los suyos.

- ¡Oh, Virgen María¡ consuelo del afligido, Esperanza nuestra; yo os ruego humildemente que me saquéis de este bosque por donde ando perdido, próxima la espantosa tormenta que auguran estas negras nubes; salvadme, Virgen de la Esperanza, salvadme, ya que en v0s solo confío.

Antes de que terminara el extraviado rey su plegaria, una hermosa claridad vino a alumbrar el sitio donde se hallaba.

Queriendo buscar el origen de aquella luz que iluminaba el bosque dirigió por todos lados su vista, y no encontrándola, levantó sus ojos al firmamento viendo en él un astro brillante, cuyos rayos hacían desaparecer las negras tinieblas de la noche.

Dio el monarca gracias a la Virgen, a quien atribuyó al instante el milagro, y encomendándose otra vez con fervor a Ella, se encaminó por la senda que el astro marcaba; viéndose por fin cerca de sus vasallos que le andaban buscando por todas partes, y que seguramente no le hubieran hallado si no les llevara a su rey al sitio donde se encontraban la estrella o astro milagroso que le había guiado y alumbrado.

En agradecimiento del prodigio que obrara la Virgen en su favor, y según algunos autores en cumplimiento del voto o promesa que le hiciera cuando se vio perdido en el bosque, fundó Carlos una célebre orden de caballería de Nuestra Sñora de la Esperanza, cuyo símbolo es una estrella.

Puede ver aun el viajero que visite la ciudad de Tolosa una pintura conmemoratoria de este episodio en la pared del claustro del convento de los carmelitas, que se halla cerca del santuario de Nuestra Señora de la Esperanza.

En ella aparece el rey Carlos VI a caballo, entre varios nobles que le acompañan, inclinándose delante de la imagen de la Virgen.

Aunque algún tanto borrados los nombres de los caballeros que acompañan al monarca francés, armados de punta en blanco y descubiertas sus cabezas, todavía se consigue leer los del duque de Turena, del de Borbon, de Olivier, de Clisson, de Pedro de Navarra y de Enrique de Bar.

Algunos de los ángeles que hay pintados en la parte superior del cuadro, llevan unas banderolas en las que se lee la palabra Esperanza.

 

LEYENDA DE LA VIRGEN DE LOS TRES ÁNGELES


Si alguna vez visitando Francia pasáis, por el bosque de Livry, a unos 20 kilómetros de distancia de la ciudad de Paris, no dejéis de visitar su venerada capilla. La original se construyó en el año 1212 en aquel lugar para conmemoración de un suceso milagroso, al que nos referiremos brevemente, la actual es una construcción del año 1808. 

 
Dice la leyenda:
Se dirigían a la ciudad de Paris tres comerciantes de Angers, que por su profesión, no era de extrañar llevasen algunas importantes cantidades de dinero.


Eran los tres muy devotos de la Virgen María, y al verse sorprendidos en su camino por varios ladrones, que después de robarles y despojarles de sus vestidos, les habían atado a unos árboles para que allí perecieran, imploraron su auxilio en tan critica situación:


 «Madre amorosa del Dios omnipotente, exclamó uno de los mercaderes, siempre os hemos adorado y bendecido como nuestra abogada y protectora, porque esperamos de vuestra misericordia que atendáis a nuestros ruegos, humildes os suplicamos en medio del peligro que corren nuestras vidas, que pidáis a vuestro divino Hijo quiera tener también compasión de nosotros y de nuestras familias que tan afligidas se verán cuando noten que se prolonga tanto nuestra ausencia.

«No nos dejéis, Señora, aquí en el bosque, desnudos y atados a estos troncos, expuestos al furor de las fieras, sufriendo las inclemencias del tiempo y faltos de todo alimento.

»Porque siempre ha sido grande la devoción que os hemos profesado, nos atrevemos a suplicaros que os apiadéis de nuestra triste suerte y nos salvéis de los grandes peligros que nos amenazan.»

Hubiera así continuado el piadoso comerciante demandando favor a la Santísima Virgen, l0 mismo que sus otros dos compañeros, que la dirigían iguales ruegos, si de pronto no se vieran completamente libres de las ligaduras con que habían sido sujetados a los árboles por los ladrones. 


No dudaron, un instante siquiera, de que debían a la Señora su libertad, y al fijar su vista en los troncos donde estuvieron atados, vieron con gozo a tres gentiles mancebos, que no satisfechos de haber soltado sus ligaduras, les ayudaron a encontrar luego ropas con que cubrir su desnudez.

Cuando agradecidos los tres comerciantes al gran favor que acababan de recibir de aquellos mancebos, quisieron manifestarles con afectuosas palabras su gratitud, notaron con sorpresa su súbita desaparición.

—La Virgen María, nuestra protectora y abogada, dijo uno de los comerciantes, es quien nos ha salvado por medio de esos tres hermosos mancebos que acaban de desaparecer sin que hayamos tenido tiempo siquiera de expresarles la gratitud que les debíamos.

No hay duda que esos mancebos que de tan prodigiosa manera nos han devuelto nuestra libertad, son ángeles enviados del cielo.

—Si, contestaron sus compañeros, a Dios y a su Santísima Madre, somos deudores del bien que acabamos de recibir, a Ella solo debemos el no ser pasto de las alimañas que deben habitar en el bosque. Ella, la milagrosa Virgen, ha sido quien nos vuelve libres de todo peligro al seno de nuestras familias; ingratos, pues, seriamos si no dejáramos aquí testimonio de lo agradecidos que la estamos por el auxilio y socorro que nos ha enviado por medio de los tres ángeles que han bajado del cielo y han tomado por un momento la forma humana para ser instrumento de la bondad y misericordia de la Excelsa Señora.

Edifiquemos una capilla con una imagen de la Virgen y sea el monumento que nos recuerde siempre este día, en el que tan grandes peligros hemos corrido.

—Y que a ella vengan a orar los viajeros que pasan por el bosque, para que la Virgen les evite todo contratiempo y les favorezca en sus adversidades.

Esto dijeron los mercaderes, y habiendo vuelto a su casa, el primer cuidado de ellos fue el procurar que se levantara inmediatamente la capilla.

Referido por ellos el caso milagroso, la concurrencia a la capilla el primer día que se abrió al culto fue numerosísima, y la devoción a la Virgen que había colocada en su altar se aumentó de tal modo, que es hoy una de las imágenes mas célebres de Francia.

Todos los que se ven expuestos a algún peligro, todos los que desesperados en la tierra solo tienen fe en las verdades eternas, piden en sus apuros que los auxilie la Virgen de los tres Ángeles.

En tiempos de la revolución, la capilla fue demolida y el sitio se vendió como propiedad nacional. Un habitante de Livry salvó la estatua de la Virgen, ahora suspendida de las bóvedas de la capilla, que se llevaron en la iglesia de esta parroquia. Pero cuando terminó la tormenta revolucionaria y se restauró el culto, se construyó una nueva capilla en el sitio de la antigua y fue inaugurada el 8 de septiembre de 1808. Se requirió la intervención del Obispo de Versalles por los habitantes de Livry. Se restauró, en la inauguración, la estatua de la Virgen, objeto de la veneración de los fieles.

LEYENDA DE LA VIRGEN DE LA VICTORIA EN HUNGRÍA


Se llena el alma del cristiano de religioso entusiasmo, cuando al oír contar las tradiciones que conservan los habitantes de algunos pueblos, se ve a través de su narración piadosa y práctica el amor infinito de la Reina de los ángeles a sus siervos y devotos, y la ilimitada confianza que éstos siempre han tenido en la poderosa intercesión con su divino Hijo el Dios todopoderoso. 

 
Preocupado se hallaba en el año 1363 el rey Luis de Hungría, al considerar las grandes fuerzas con que contaban los infieles, con los que tenia que librar pronto batalla en los campos de Carintia.

Ochenta mil soldados eran los enemigos del piadoso monarca, mientras que apenas llegarían a veinte mil los que con él iban a pelear contra el impuro sectario del Corán.

Bien comprendía el rey Luis que si no era por un milagro que quisieran obrar en su favor los cielos, vencido seria y arrolladas sus escasas huestes por las numerosas tropas de sus contrarios. Peleaba, sin embargo, por una causa justa y noble, acometía además a un pueblo encarnizado enemigo de la Cruz y del culto a la Virgen.

¿Qué poder hay superior al de ésta Excelsa Señora cuando se decide a auxiliar a los cristianos?

- ¡Oh, Virgen María! -exclamaba el ilustre rey elevando los ojos al cielo-. Perdonadme que un instante siquiera haya dudado del éxito de la batalla, contando con el favor que Vos no negareis a vuestros amados hijos.

- «Nada me importa que el número de nuestros adversarios exceda y supere al de mi cristiano ejército.

- «Vos nos ayudareis, Vos nos daréis valor para derrotar a los infieles!»

- «Si; oyó con asombro el piadoso príncipe. Si, repitió una voz desconocida pero cuyo dulce y grato sonido bien indicaba que procedía de un ser superior y extraordinario.

- Conservad tú y tu gente la misma fe que ahora os anima, en medio del combate, y no dudéis que la victoria sea vuestra.

- Señalado y memorable triunfo alcanzarán tus armas sobre los infieles, pues «cediendo con placer a la invocación que religioso me has dirigido, yo vengo prometer mi divino favor y poderoso auxilio.» 

 
Lleno de gozo el rey Luis al escuchar tan consoladoras palabras, se postra humilde en tierra, da gracias a la Señora por su generosa protección, ora después con fervor algunos momentos, y levantándose por fin, grita presentándose a su ejército:

—«Vamos, al combate mis nobles caballeros; guerra, guerra al infiel que si escasas son nuestras fuerzas en comparación de las suyas, nosotros llevamos sobre ellos la ventaja de la causa noble y santa que defendemos.

- «Nuestra abogada y protectora la Virgen María, verá con gusto la fe religiosa que nos anima al pelear con un pueblo impío y bárbaro, y nos dará el triunfo en la pelea. Vamos, al combate, al combate mis nobles caballeros

La preciosa y magnífica iglesia que hay dedicada a la Virgen de la Victoria, mandada construir por el piadoso rey Luis, bien claro patentiza al mundo entero, bien atestigua lo mucho que vale el auxilio dela Excelsa Señora por el cual alcanzaron el piadoso monarca y sus huestes un gran triunfo sobre las de los discípulos del falso Profeta.

Grande es la devoción que se profesa en Hungría a Nuestra Señora de la Victoria, con cuya advocación es mas conocida en general, y a cuyo religioso santuario acuden hoy mismo en devota romería numerosos peregrinos, no solo de aquella nación sino de todo el orbe católico.

Ilustres príncipes, nobles caballeros y los mas valientes capitanes del reino, al acometer alguna importante empresa se dirigían antes a demandar en la venerada capilla de la milagrosa Virgen de la Victoria el auxilio y protección de la que es poderosa Soberana de los cielos y Madre cariñosa de todos los cristianos.


JESÚS ARROJA DEL TEMPLO A LOS MERCADERES



El Templo de Jerusalén erigido por Salomón, había sido arruinado por Nabuzardán, general de Nabucodonosor, en el año 588 antes de Cristo, quedando en pie, sin embargo, los gigantescos muros que formaban su recinto exterior, sobre los cuales, setenta años más tarde, y rotas por Ciro las cadenas del cautiverio,  Zorobabel emprendió su reconstrucción, inaugurándose el nuevo Templo en el sexto año del reinado de Darío, 516 años antes de la venida del Salvador, inmolándose cien becerros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y doce machos cabríos por los pecados del pueblo de Israel. 


El tirano Herodes, intentando ganarse la voluntad de los judíos, prosiguió la restauración, empleándose mil carros en la conducción de materiales, y diez mil hombres en los trabajos de la obra.
Vastos pórticos rodeaban las naves del edificio, que, al cabo, pudo abrirse el año 16 de nuestra salvación.

Este templo de Herodes vio a José y María rescatar, mediante la ofrenda de dos palomas, al divino Niño, y oyó el Nunc dimittis servum tuum Domine (Ahora, Señor, despides a tu siervo), del anciano Simeón y las entusiastas bendiciones de la profetisa Ana.
En él, á la edad de doce años, enseñó el Hijo de Dios a los doctores, y después este mismo recinto volvió a verle en ciertos días señalados, cuando sus padres lo llevaban consigo, de Nazareth a Jerusalén, para celebrar allí las fiestas de Pascua, de Pentecostés o de los Tabernáculos; y, en los últimos años de su vida mortal, el templo es, con frecuencia, el lugar de sus divinas enseñanzas.
Por sus pórticos le agrada pasear con sus discípulos, habiéndoles de su reino celestial; en él fue tentado por el demonio, y perdonó sus pecados a la mujer adúltera; allí propuso las parábolas del buen Pastor, de los dos Niños, de los Viñadores y la del Banquete nupcial; allí pronunció el Reddite quce sunt Ccesaris Ccesari, et quce sunt Dei Deo (Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios); allí elogió el dinero de la pobre viuda; en aquél templo entró, entre ramos y palmas, el domingo de su triunfo; y en él predijo que, de tan grandes edificios, no quedaría piedra sobre piedra.

Mas los mercaderes judíos habían convertido el atrio del templo en profano centro de sus contrataciones comerciales, sin consideración ni respeto a la santidad del lugar, ni a la veneración que se debe a los sacerdotes del Altísimo.

Y habiendo entrado Jesús en el templo, comenzó a echar de él, a latigazos, a todos los que compraban y vendían, diciéndoles:
Escrito está: Mi casa es casa de oración, y vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 

 
Santas y terribles palabras, que nos enseñan que, si Dios se halla presente en cualquier lugar, porque todo lo llena su espíritu infinito, en los templos se manifiesta más particularmente bajo las especies sacramentales de la Eucaristía; que, si bien la oración es siempre aceptada donde quiera que se eleve, el templo es el sagrado recinto más propio y adecuado para dirigir a Dios nuestros corazones; y, finalmente, que Dios tiene aparejados tremendos castigos a los sacrílegos que profanan, de cualquier modo, las iglesias y las cosas santas destinadas al culto religioso que todos le debemos.

SAN MARTIN DE TOURS, PLEGARIA PARA LOS MOMENTOS DE NECESIDAD



Humilde santo Martín de Tours, 
a quien llenó el espíritu Dios
e hizo de ti una fuente de donde manaba
la más ardiente caridad por los necesitados. 

Siempre repleto de amor y generosidad,
 al ver al mendigo que estaba medio muerto de frío
y sin tener conocimiento de que en realidad era Cristo
generoso le regalaste la mitad de tu capa,
ya que no podías  dársela entera,
porque la otra mitad era pertenencia del ejército romano. 

 
Jamás buscaste reconocimiento alguno,
sino únicamente hacer el bien  a tu prójimo,
y eso te hizo ganar gloria ante el Señor. 

Cuando nuestro Redentor se te apareció
vestido con la media capa con que le habías socorrido
y para mostrarte su aprecio Él te dijo: 
“Hoy me cubriste con tu manto”,
tomaste la decisión de no servir más en el ejército
y entregarte al servicio de Dios
y al de la salvación de las almas,
siendo desde entonces un propagador de la fe
y un hombre santo totalmente dedicado
a quienquiera estaba en necesidad.

Glorioso san Martín Caballero, santo mío,
que realizando milagros y prodigios,
que con alegría, sencillez y amabilidad
 además de la más excelsa bondad
conquistaste los corazones de todos
y no cesaste de trabajar por su bienestar:
extiende tu mano hacia mi
y ayúdame para salir de toda falta y escasez
que hoy me aflige y causa desasosiego.

Bendito y virtuoso san Martín,
mi bienaventurado patrono,
humildemente te pido con gran fe
que me alcances de Dios, fuente de todas misericordias,
que mis caminos en esta tierra,
mi trabajo y mis fatigas sean limpiados
y abiertos con claridad. 

En el nombre de Dios Omnipotente,
oh san Martín de Tours,
remueve todo lo que me haga daño
y dame trabajo y prosperidad.

Oh bienaventurado aliviador,
dame tu santa protección,
asísteme, te lo suplico, en estos tiempos difíciles: 

(con mucha fe pide ahora por lo que necesitas).

Tú, noble San Martín, que tienes milagroso poder,
lleva cuanto antes mis ruegos a los Cielos,
pide para mi hogar todo bien;
que salgan los dolores, ruinas y miserias,
y que el Señor se digne que merezca
bienaventurada fortuna en mi trabajo (negocio),
y con ella, abundancia y prosperidad,
para que pueda dar libremente
a todos los que están en necesidad.

San Martín, por favor intercede por mí;
libra y protege a todos mis seres queridos
y a mí de todo mal. 

Así sea.

Rezar un Credo, Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 


Repetir la oración y los rezos tres días seguidos. 

 

Llegado san Martín de Tours (también conocido como san Martín Caballero o san Martín de Loba) a la edad de ochenta años, tuvo el presentimiento de su fin cercano, al extremo de poder anunciarlo con certeza a sus compañeros. Para prepararse a morir nada tenía que hacer sino seguir viviendo como lo había hecho siempre.
Efectivamente, esto es lo que hizo: en nada cambió sus costumbres y nada perdió de la serenidad de su carácter.
Por ese tiempo supo que la parroquia de Candes, una de las más florecientes entre las que él había fundado sobre tierras de su diócesis, veía su paz amenazada por una disensión que acababa de producirse entre los clérigos. Ante esa noticia, decidió en el acto iniciar un último viaje, afrontar la última fatiga, previendo que no regresaría a Marmoutier, pero dichoso de terminar su vida y de coronar su obra volviendo la paz a la Iglesia.
Todo iba perfectamente, y el viejo obispo pudo creer por un instante que le sería dado volver una vez más a Marmoutier. Inclusive había iniciado sus preparativos de viaje, cuando sintió repentinamente un desfallecimiento.
Comprendió la advertencia, y convocando a sus hermanos, les anunció que había llegado el momento de la separación. Ante esa noticia, una profunda tristeza invadió todos los corazones, y las quejas brotaron de los labios.
"¿Por qué nos abandonas, oh, Padre? ¿No ves a los lobos dispuestos a arrojarse sobre tu rebaño? ¿Si no estás con él, quién lo defenderá? ¡Ay! Bien comprendemos tu prisa por reunirte con Jesucristo; pero tu recompensa está asegurada. ¿Será acaso menos hermosa, si demoras algunos años por amor a los tuyos?"
Ante esas muestras de ternura, el anciano no pudo detener sus lágrimas; esas pobres almas le hablaban como si su destino sólo dependiera de él. Ya sobre la hora de su liberación, no se atrevía a regocijarse; no osaba desear el término de sus propias obras pensando en la gran familia que dejaba sobre la tierra, expuesta a tales pruebas que más de uno sucumbiría.
Entonces, respondiendo a la afectuosa insistencia de sus compañeros, rezó esta oración:
"Señor, si todavía soy necesario a tu pueblo, yo no rehúyo el trabajo; hágase tu voluntad...
Si quieres que sirva aún a tu ejército, estoy pronto a obedecer, y a pesar de mis años, combatiré bajo tus órdenes...
Yo sabré mostrar, si es menester, que el alma puede resistir el efecto de los años y triunfar de la ancianidad.
Si, por el contrario, evitas esa prueba a mi avanzada edad, aún bendeciré tu voluntad; y a todos aquéllos cuya suerte me preocupa, tú los pondrás bajo tu guarda."
La fiebre entonces se apoderó de él, pero no quiso cambiar nada en sus hábitos, orando y velando en las horas acostumbradas, obligando al cuerpo a obedecer al espíritu. Tendido sobre la ceniza, rehusó el lecho que se le ofrecía, diciendo:
"A un cristiano le conviene morir sobre la ceniza; no quiero dejaros un mal ejemplo."
Como se le quería hacer cambiar de posición para descansar, dijo:
"No, hermanos míos; dejadme más bien mirar al cielo. Es el camino que va a seguir mi alma."
En ese instante, vio algo que le impresionó a su lado, y gritó:
"¿Qué me quieres, bestia cruel? Nada hallarás en mí que te pertenezca. Heme recibido en el seno de Abraham."
Diciendo esto expiró, y de pronto su rostro apareció transfigurado, brillando con sobrenatural resplandor.
Murió el domingo 8 de noviembre de 397. La determinación del año parece resultar claramente de la comparación de muchos textos. La fecha del 11 de noviembre corresponde al aniversario de sus funerales, que fueron celebrados solemnemente en Tours.

SAN JUAN BOSCO, ORACIÓN PARA OBTENER UN FAVOR ESPECIAL



La obra principal de San Juan Bosco, consistente en la educación de los niños, no estaba destinada a morir con él, sino que debía continuarse, como todas las cosas grandes, para bien de muchísimas almas que no pertenecieron al tiempo de su ilustre fundador. Tal es la que puede llamarse Familia Salesiana. 

 
Ocupan en ella el primer lugar los Salesianos de Don Bosco, nombre con el que son designados los miembros de la Congregación fundada por él.

Su origen se remonta a los comienzos de la vida sacerdotal de Don Bosco, cuando comenzó a dar clases a cuatro jovencitos, con la esperanza de que fueran sus primeros colaboradores en la obra que llamó "Oratorio Festivo".
Ese primer intento fracasó, pero en 1849 reunió a setenta jóvenes escogidos entre los muchos de su Oratorio, y cuatro de ellos le aseguraron que deseaban ser sacerdotes y quedarse con él.
Tanto el arzobispo de Turín, monseñor Franzoni, como el director espiritual de Don Bosco, San José Cafaso, le aconsejaron que fundase una sociedad para que no pereciese su obra.
Todo indicaba a Don Bosco la conveniencia de seguir esos consejos, pero la situación de Italia le presentaba un difícil problema: habían sido suprimidas las órdenes religiosas y no parecía probable que pudiera obtenerse la aprobación de una nueva.
Ratazi, prominente miembro del Gobierno, le decía:
"Forme una sociedad de laicos y de eclesiásticos, con tal que los bienes no sean de la comunidad, sino individuales. Conozco la Ley y creo que el Gobierno aprobaría una sociedad cuyo carácter fuera de mano viva y no de mano muerta, o sea que cada socio esté representado por un verdadero ciudadano. Esta sería una agrupación de socios libres para fines benéficos, igual a una sociedad mercantil, industrial, etcétera..."
El mismo papa Pío IX aconsejó a San Juan Bosco esta fundación y ya no hubo lugar a duda. Vencidas muchas dificultades, la Sociedad fue fundada el día 8 de diciembre de 1859, con el nombre de "Pía Sociedad de San Francisco de Sales", y diez años más tarde, el primero de marzo de 1869, quedó definitivamente aprobada. 

 
Los salesianos abarcan un campo vastísimo en sus actividades: Oratorios Festivos; internados para pobres; escuelas de artes y oficios, y granjas agrícolas. Tienen casas de jóvenes aspirantes al sacerdocio, colegios de instrucción primaria y secundaria para externos e internos; casas de Hijos de María para vocaciones de edad algo avanzada; misiones entre infieles; atención de emigrados; apostolado de la prensa, y muchas otras obras de carácter social, por lo que su acción benéfica es prácticamente ilimitada.
Junto a la obra principal de San Juan Bosco han brotado otras dos de muchísima importancia: las religiosas "Hijas de María Auxiliadora", que realizan en favor de las niñas lo que los salesianos hacen por los niños, y además los Cooperadores Salesianos, seglares y eclesiásticos que trabajan según el espíritu salesiano. De ellos decía el papa Pío XI:
"¡Ah, los Cooperadores Salesianos, cómo los amo! Yo lo soy desde hace mucho tiempo..."
La actividad misionera de los salesianos comenzó en vida de su fundador, quien envió a sus miembros a la Tierra del Fuego, en América del Sur, después de haber tenido uno de sus proféticos "sueños", y ha crecido continuamente.
Entre los santos de la Orden, citamos a Santa María Mazarello y a Santo Domingo Savio. 



 ORACIÓN A SAN JUAN BOSCO
PARA OBTENER UN FAVOR ESPECIAL

Oh Don Bosco Santo,
cuando estabais en esta tierra
no había nadie que acudiendo a Vos,
no fuera, por Vos mismo,
benignamente recibido,
consolado y ayudado.

Ahora en el cielo, donde la caridad se perfecciona
¡cuánto debe arder vuestro gran corazón
en amor hacia los necesitados!

Ved, pues, mis presentes necesidades y ayudadme
 obteniéndome del Señor esta gracia: 

(decir ahora el favor que se desea conseguir).

También Vos habéis experimentado
durante la vida las privaciones,
las enfermedades, las contradicciones,
la incertidumbre del porvenir,
las ingratitudes, las afrentas, las calumnias,
las persecuciones y sabéis qué cosa es sufrir.

Así, pues, oh Don Bosco Santo,
volved hacia mí vuestra bondadosa mirada
y obtenedme del Señor cuánto pido,
si es ventajoso para mí alma;
o si no, obtenedme alguna otra gracia
que me sea aún más útil,
y una conformidad filial
a la divina voluntad en todas las cosas,
al mismo tiempo que una vida virtuosa
y una santa muerte. 

Así sea. 

Rezar tres Padrenuestros, un Avemaría y un Gloria. 

La oración y los rezos se hacen con mucha devoción 
durante tres días seguidos, 
o nueve si la petición es muy difícil y urgente. 



ORACIÓN DE LOS TRES SANTOS PAPAS CONTRA ENEMIGOS, ENVIDIAS, TRAICIONES Y MAL DE OJO.

Bendecidos por Dios
sean los tres santos Papas: 
San Clemente, San Silvestre y San Marcelo,
que en tiempos de persecuciones y oscuridad
llevaron la luz a la cristiandad. 

 
Valeroso San Marcelo
que reedificaste los templos destruidos.

Glorioso San Clemente,
que fuiste obligado a trabajos forzados
y cuando picabas piedra,
los cristianos pedían tu bendición.

Erudito San Silvestre,
que tuviste el honor de bautizar a Constantino,
primer emperador cristiano.

Los tres pasasteis por la vida
cumpliendo la labor de pastoreo
de los angustiados primeros cristianos
para alcanzar en la gloria, la vida que nunca acaba,
donde ahora gozáis del favor de Dios,
y por vuestra poderosa intercesión suplico
vuestro auxilio, amparo y protección
para vencer a mis enemigos,
como vosotros supisteis hacer
de forma valerosa y contundente.

Tres santos Papas glorificados,
alejad de mi las malas lenguas,
los malos ojos, la traición,
la perversidad y la calumnia.

Que mis enemigos huyan de mi,
tan solo con que yo pronuncie
vuestros tres santos nombres
y quede libre de toda persecución,
peligros, amenazas y daños.

Tres santos Papas consagrados rogad a Dios por mi,
y dadme vuestra mano sagrada
para que yo la pueda besar 
mediante esta bendita plegaria. 

Amén.

Rezar tres Padrenuestros y un Gloria. 

La oración se hace con mucha fe por tres días seguidos. 

  
En la actualidad, los Sumos Pontífices de la cristiandad, como jefes de la Iglesia, merecen el respeto universal, cuando no devoción y sumisión absoluta a su autoridad moral. Pero los primeros Papas del cristianismo se enfrentaron a condiciones muy diferentes. Fueron objeto de persecución y aun de aborrecimiento por parte de los paganos, que eran quienes legislaban y mandaban en Roma.

Ser papa en aquel tiempo equivalía a entregar la vida en sacrificio de una causa espiritual, con inminente riesgo de perecer en el martirio y sin más compensación que la de haber luchado hasta el fin por la propagación de la verdad, el amor y la fe.

De los primeros pontífices de la Iglesia, la mayoría pereció en el martirio. En cuanto a las biografías de esos papas, las fuentes de información son escasas, pues sólo se pudieron conservar fragmentariamente los principales acontecimientos de cada pontificado. No por eso merecen el olvido.
Los datos que perduran de los tres Papas santos, no son muy extensos, pero sí lo suficientemente interesantes para dar una semblanza, certera y emotiva, de los méritos e incidentes que caracterizaron la vida de los directores espirituales a que nos referimos.
Los notables varones de invocados en esta poderosa oración fueron pontífices de catacumbas, perseguidos y atribulados por las condiciones de los primeros tiempos cristianos.
Hay, sin embargo, una diferencia entre ellos: el primero (San Clemente) fue sacrificado cruelmente sin llegar a ver la consolidación de su doctrina. San Silvestre, en cambio, alcanzó a sentir la cimentación cristiana, cuando Constantino el Grande, mediante el famoso Edicto de Milán, estableció la libertad de credo y de culto.

San Silvestre tuvo también un reinado más largo; por ello experimentó las dos situaciones, la de la persecución encarnizada y la de los albores de la libertad de la fe. Comenzó su pontificado en la oscuridad de las catacumbas, al margen de la autoridad imperial, siempre veleidosa y arbitraria. Hacia el final de su pontificado presidió la edificación de las iglesias cristianas que el propio emperador Constantino mandó construir. El papa Silvestre fue testigo, pues, de la oscuridad y de la luz.


San Marcelo fue uno de los más valientes sacerdotes de Roma en la terrible persecución de Diocleciano en los años 303 al 305. Animaba a todos a permanecer fieles al cristianismo aunque los martirizaran. Cuando llegó a ser Papa dirigió su esfuerzo a la reorganización de la Iglesia.

Posteriormente dividió Roma en 25 sectores y al frente de cada uno nombró a un Presbítero (o párroco). Construyó un nuevo cementerio que llegó a ser muy famoso y se llamó "Cementerio del Papa Marcelo".

Roma, la Ciudad Eterna que ha conservado tantos vestigios históricas, conserva algunas reliquias que señalan los lugares donde vivieron, sufrieron y trabajaron los primeros papas. Por ejemplo, el lugar donde estuvieron las catacumbas de San Marcelo, se levanta ahora una iglesia. De esta manera, la posteridad no deja de recordar el augusto espíritu del perseguido por la fe, resguardando su memoria del olvido.

Muchos lugares romanos conservan datos relacionados con la vida de los pontífices. Puede decirse que la hermosa capital italiana es un monumento imperecedero a la gloria del espíritu, y así lo han constatado cuantos viajeros han llegado a ella.


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